1. El llamado
En aquellos días y próximo a partir de mi tierra, la necesidad de expresar era urgente.
¿De dónde viene el poder que insufla mi alma?
Me hermana en malabares con el gran director: magia.
—¿Estás listo? Sí, lo estoy
—¿Jugamos? Jugamos.
Y jugamos, tú que lees y yo que escribo, porque yo sin ti, soy nada.
Enfrentas al gran coloso, de igual a igual.
Y vences, no por ti, sino por quienes creen:
por tus pares, tus recuerdos, tu niñez,
tus sueños de volar, mientras duermes.
y emana la luz celeste que ciega? Entonces el dominio es tuyo. Por amor.
Somos, en cada paso — tragedia o alegría—, uno y una.
Que la vida valga y la fuerza de las estrellas paran otra estrella en ti.
Porque una sola respiración, hallada en otro mundo
sería más poderosa que mil estrellas juntas.
Quien escriba, que escriba;
quien pinte que pinte;
quien cante que cante;
quien amase que amase;
quien sueñe que sueñe...
2. Aquí y allá
Una ranita llegó a la puerta de mi casa y me preguntó:
—¿De dónde eres, de aquí o de allá?
Cuando estoy aquí, quien me conoce es un libro antiguo,
rebosante de memorias que contar.
Cuando estoy allá, quien no me conoce, es un libro en blanco,
esperando ser llenado.
En ambas situaciones somos partícipes de la calidad de las historias.
Estar aquí es hermoso, estar allá también lo es.
Somos, a fin de cuentas, —tú, yo y quienes esto leen—,
habitantes de la misma tierra.
II. Luz y oscuridad
3. La falta de luz
La falta de luz, no me molesta;
de tener familia en casa, seguramente sí.
Pero en mi caso, afortunado soy de vivir en "soledad"
relatos robinsonianos, en un poblado seco de griteríos,
otrora populoso, pero caudaloso en ríos,
amoroso de su gente y torrencial cuando llueve.
La falta de luz no me asusta, me adentra entre las sombras donde nadie me encuentre
y sueño la grandeza de la humanidad,
cuando quiere o cuando puede.
La falta de luz no me aterra,
me acerca a quienes se angustian: los olvidados, los periféricos, los no existentes.
Los sin corriente.
La falta de luz, en el fondo, humaniza en penumbra.
Une, fortalece, hermana;
hace ver... estrellas fugaces.
La falta de luz, en definitiva,
permite que el amanecer, sea extraordinario.
4. La roca.
Sentado en esta roca de noche,
esperando la llegada de la luz y algo de conexión web,
reflexionaba sobre los orígenes de nuestros pueblos,
cuando la penumbra lo abarcaba todo.
La oscuridad nos permitía entonces vivir dentro de ella:
nos guarecía, nos cobijaba.
Nos alumbraba: la luna, las estrellas
o, en su defecto, alguna lumbre paliducha, en una cueva.
En la actualidad, como consecuencia de la luz de las ciudades,
la noche se ha vuelto timorata.
En algunos lugares bulliciosos, se marcha como loba herida, encandilada.
Estas tinieblas merideñas aleatorias que padecemos a juro
nos hacen rememorar épocas remotas,
cuando la noche reinaba sobre la faz de la Tierra.
5. Noche sin luz.
La casa que sueña
Noche
tras noche sin luz en esta tierra merideña.
Hay quien se angustia, se
alegra o se asombra -mi caso-.
Una experiencia inesperada para descubrir en la oscurana:
luciérnagas— ¡qué magia!— ,
la bóveda celeste misteriosa —¡astros!— ,
algo blanco que deslumbra — ¡un gato!— ,
y un haz de luz —¡que
me guía!— , mientras descubro paso a paso
el reino vegetal en su extraña
intimidad —¡prehistórico!— ,
rara vez visto en nuestras vidas citadinas.
6. Noche andina.
Noche andina, bañado de luna. Sí.
La luz de los hombres es discrecional. Sí.
¿Se puede apagar la luna con el pulgar?
No.
III. Vibración.
7. La casa viva.
En
ese pequeño lugar del universo, hay vida.
Noche andina, noche sin luz,
noche de estrellas y de una gran luna:
llena de música, de libros, de
historias, de cuentos,
de sueños y de velas.
Noche de rabipelados, única compañía.
8. El canto y las criaturas .
Por aquí paso aquel que no sabía cantar, o cantaba mal.
O cantaba solo por cantar. Pero cuando lo hacía, de noche,
las lagartijas que reptaban por las paredes de la habitación, se detenían a escuchar.
Abrían sus ojos desmesurados,
y luego corrían a sus rincones de ensueños
y susurraban entre los suyos:
— al menos vino aquel... ¡vino!
Y la lluvia golpeó el techo.
Y todo fue vibración, como en los viejos tiempos.
9. La paleta del cielo.
Oh, luz multicolor.
Enmarcas el Edén prometido, aquí en la Tierra.
La luz artificial es: intermitente, azarosa, voluntariosa, impuesta,
que va y viene, cuando le da la gana.
Pero... ¿ y la luz que emana de los cielos?
No tiene botón, ni encendedor, ni apagador, ni regidor.
Brilla como brilló en la antigüedad, y más atrás.
Nos quita el habla.
Hoy nuestros sueños serán :
rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.
Textos y fotografías autor: Pedro A. Galindo Ch.
Mérida-Tenerife 2024- 2025
Precioso maestro, desde su alma a su escritura
ResponderEliminarMis respetos hacia su persona 💖
Gracias por gus palabras afectuosas y solidarias. Un fuerte abrazo.
EliminarNo se porque cada vez que leo algo tuyo, no puedo parar de hacerlo. Es como si un río me llevará y arrullara. Me ha encantado maestro, me coge en un momento un poco bajón y me hizo pensar en la belleza que nos rodea y lo poquito que la disfrutamos. Por cierto muy bellas fotos, mi preferida la ranita, muy buen macro. Un abrazo, quedo a la espera de más.
ResponderEliminarSi este escrito ha servido para subir tu ánimo, entonces ya cumplió su misión. Me alegro un montón , gracias.
EliminarBuena lectura ,muy apacible sobré todo para esta noche de tormenta...un abrazo..
ResponderEliminarNada más refrescante que un aguacero sobre techo de latón, gracias por la lectura y el siempre bienvenido comentario.
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