Una viruta, un descubrimiento.
La extracción de una diminuta partícula de madera a un listón.
La acción repetitiva afina las destrezas: surge una
habilidad desconocida que sensibiliza los dedos y suaviza el pensamiento.
Aparece, de súbito, un mundo menos hostil; una oportunidad, un paréntesis, un alto en el camino.
Un corte de formón que afina los recuerdos y reinventa la niñez.
Juan y Sabina
Recorremos
con las manos —y con el entendimiento— las mismas líneas que siguieron nuestros
ancestros.
Nuestra mirada se extiende de lo artístico a lo social, dejando
atrás la competencia y el ansia de poseer.
Regalamos lo que hacemos.
Transmitimos y rescatamos
el oficio perdido, reivindicando a quienes honor merecen.
El sentido de la
intuición se despierta, y hasta puede volverte
irreverente ante las costumbres y los formalismos, por el simple "hecho a
mano".
Sonríes más a menudo, tratas mejor a los demás.
Durante la ejecución de la obra, el tiempo adquiere otro significado: las horas se utilizan para el momento, y se
pospone la urgencia de la culminación.
Descubrimos que lo importante es lo que
está oculto bajo las capas fibrosas de la materia, y las destapamos con cuidado
y respeto, como quien pela una cebolla y convirtiendo el medio en el fin.
El taller: Centro Ciudadano de San Jerónimo
Transitamos
alegres y concentrados por la madera descubierta y abierta, procurando hacer el
menor daño posible a sus fibras, trabajando allí donde ofrece menos resistencia.
Laboramos alrededor del material como quien recorre una parcela silvestre antes
de sembrar; descubrimos el lugar donde cavar, haciéndonos tolerantes y comprendiendo la paciencia de otro modo.
Nos
volvemos ecológicos.
Enseña todo lo que sabes.
En las horas de taller, reunidos por nuestra propia
voluntad, comprendemos que las herramientas no tienen caducidad: son
generacionales casi hereditarias. En el camino surge la necesidad de transmitir
los conocimientos.
Día a día, quienes éramos desconocidos nos hermanamos
en el oficio y nos cubrimos del espíritu artístico, que no tiene principio
ni fin, pero que, sin duda, hace a los hombres y mujeres de esta tierra
mejores ciudadanos.
Martín
Igualitarios en el desempeño, democratizamos el trabajo familiar y colectivo.
Pulimos nuestras asperezas, compartimos las herramientas y los saberes, volviéndonos generosos.
Desaparecen los prejuicios y se suman las voluntades para contribuir a un mundo mejor, habitable para todos los seres vivos.
Yenny y Mónica
Y en nuestro caso, especialmente, para honrar a los árboles del
bosque, que nos dan su vida para elevar nuestros espíritus.
Copyright: Pedro Alberto Galindo Chagín.
Tenerife. Islas Canarias. España.
Que recuerdos Maestro, cuanto lo echo de menos, esas tardes de taller con el repicar de las gubias, el olor a madera, y como no el filiosofear al son de buena música. Momentos grabados. A Mazo y Gubia. Como agradezco haberte conocido.
ResponderEliminarHaber cruzado los mares para recibir estas sentidas palabras - un 24 de diciembre- es la mayor recompensa que, como enseñante y amigo, alguien pueda recibir. Gracias.
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